¿APROVECHANDO LA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR DE RUMBO?

 “Un guerrero fundamental en la inmensa tarea de reconstruir a Colombia”, fueron las palabras con que, en su discurso de posesión, el presidente Abelardo de la Espriella agradeció al vicepresidente José Manuel Restrepo su labor. En ese momento, reconstruir el país representaba recuperar la seguridad, sanear las finanzas, fortalecer las instituciones, atender los múltiples frentes de crisis sectoriales, reactivar la economía y devolverles confianza a los ciudadanos. Y esto, aunque en su discurso frente a las tropas hubo al mismo tiempo llamados a la unidad y a la confrontación, abusando de la sacralidad de Cristo Rey al pretender colocarlo como garante de su proyecto político.

Menos de tres días después, una inesperada tragedia azotó al país con el triste saldo que hemos conocido. La realidad es tozuda y esta inesperada tragedia probablemente puso a reflexionar al mandatario, quien llegaba preparado para iniciar su gestión impartiendo órdenes de guerra, pero se encontró con esta catástrofe humanitaria que lo hizo correr para llegar donde las víctimas del terremoto y palpar su realidad. Por eso llamó a la unidad nacional y afirmó: “Hoy todos los colombianos, sin distinciones ideológicas, tenemos que unirnos frente a una sola causa: las víctimas de este desastre natural”. Palabras que hicieron percibir a muchos que en sus reflexiones vio que la crisis era la gran oportunidad para reconstruir el país no solo en lo material sino también anímicamente, canalizando los más nobles brotes de solidaridad que han mostrado lo mejor de los colombianos. Y como era de esperarse la alocución del 17 de agosto, tuvo un timbre distinto a la del 7, al convocar al Gobierno nacional, a gobernadores, alcaldes, constructores, sector financiero y ciudadanía por igual, bajo la idea de una Patria que está «de luto» pero también «de pie».

Lo cierto es que la tragedia le abrió al presidente una oportunidad distinta a la que imaginó en su posesión: no la de profundizar la confrontación con los líderes y simpatizantes del gobierno saliente, sino la de comenzar a reconstruir, junto con las regiones golpeadas, el ánimo colectivo de un país que lleva demasiados años dividido entre bandos.

Sin embargo, surgen dudas en si se aprovechará la crisis para que haya avances objetivos en dirección de la unidad nacional. Y dichas dudas se respaldan en posturas que ha asumido el Gobierno en el campo de las relaciones internacionales, de las cuales por espacio me referiré solo a dos.

En la reunión de la “Coalición de las Américas contra los Cárteles”, celebrada en Panamá, el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, afirmó que el nuevo gobierno colombiano de Abelardo de la Espriella había solicitado la participación de EE, UU en la lucha contra el “narcoterrorismo” y autorizado “operaciones conjuntas” para destruir terroristas y redes terroristas. Pues bien, más allá de las consideraciones políticas y jurídicas, la implementación de esta “solicitud” tendría unas implicaciones estratégico-militares que no parecen haber sido discutidas con el ministro de Defensa, general (rva) Jorge Mora quien conoce la doctrina de las “operaciones conjuntas”, empezando por las responsabilidades de mando frente, por ejemplo, a los “efectos colaterales” que se puedan derivar sobre la población civil.

Finalmente, la decisión anunciada por la cancillería de que Colombia reconocía la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, que son territorio sirio, rompió con la tradición colombiana de respeto a los principios del Derecho Internacional referentes al rechazo a la anexión de territorios por la fuerza. Recordemos que el Consejo de Seguridad de la ONU en varias resoluciones, y especialmente en la 497 de 1981, declaró que los intentos de anexión por la fuerza de dicho territorio por parte de Israel son nulos por violar el derecho internacional.

Aún más, tan evidente es la ruptura que desde1982 se creó la Fuerza Multinacional y Observadores (MFO) en el Sinaí, para garantizar el cumplimiento del acuerdo de paz entre Egipto e Israel mediante el cual se le reconoció inequívocamente al primero la soberanía, pese a que Israel había ocupado dicho territorio por la fuerza. El punto a resaltar es que Colombia mantiene en la MFO el 24% de los militares que la integran por consenso entre los dos países otrora contendientes, que en su momento vieron que Colombia aplicaba los principios de predictibilidad, confianza y cautela en su política hacia el medio oriente. Y ante la declaración sobre los Altos del Golán, Egipto condenó expresamente la decisión colombiana de reconocer la soberanía israelí calificándola de contraria al Derecho Internacional.